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lunes, 21 de abril de 2014

Segundo Viaje a FIFI

Han pasado varios días desde que llegamos de Fifi, y aún hoy me cuesta trabajo asimilar, entender, poder expresar todo lo vivido. Sueño o realidad, pasado o presente, convivencia o compromiso….?. Tal vez haya sido y sea una mezcla de todo.
Rahma, la madre de Kais Yassine, es la presidenta de la asociación “la estrella de Fifi”. Desde esta asociación se pretende promocionar, motivar, impulsar y proteger a mujeres y niños, quizás la parte de la población más desprotegida….que viven en este pueblo de la provincia de Chechauen, al norte de Marruecos. 
Desde hace dos años ha estado luchando por crear esta asociación. Finalmente y con grandes esfuerzos lo ha conseguido. Formando parte de la asociación se encuentran vecinos del pueblo, e integrantes del ayuntamiento. Y como sede de la misma: la casa de sus abuelos, que todos sus hermanos han cedido para este fin social. Una casa solariega, donde múltiples habitaciones se disponen alrededor de un patio central de paredes encaladas y construidas con barro y heces de las vacas. Un refugio ideal para las inclemencias del tiempo, porque te ampara tanto del frío como de la calor.
Ha sido nuestro segundo viaje hasta allí, y nos hemos encontrado con un lugar que ha sido nuestra casa, y unas personas que han sido como nuestra familia. 
Antes de hacer una invitación pública para formar parte del proyecto queríamos cerciorarnos de la convivencia y los medios  que esta asociación tenía a su alcance, para acometer los proyectos que se están planteando.
Y he aquí nuestra sorpresa: Todo el pueblo sumado en esa gran acogida que nos ofrecieron, y esa delicadeza en solicitar la colaboración para poder salir de sus difíciles situaciones. Me emocionó aquella joven que dijo: estos días no los olvidaremos nunca, además nos ayudan a olvidar todos los problemas que tenemos…”. Y puedo asegurar, que esos días fueron una gran fiesta para todos.
Las condiciones: humildes…. pero muy  acogedoras, para aquellos que sepan ver. Las personas….. cercanas a la vez que cargadas por esas situaciones personales, pero sobre todo muy ilusionadas porque este proyecto pueda convertirse en un proyecto de esperanza para todos.
El hermano Carlos, como es su costumbre, llevó regalos para todos. Esos regalos se repartieron entre mucha gente, entre ellos una veintena de niños que fue recibiendo un lote de lápices, libros y juguetes. Para nuestra sorpresa los niños eran tremendamente educados… pareciese como si les costara trabajo jugar. Pero finalmente Maika, Gabriel y Miledys consiguieron que todos jugaran entusiasmados. Al llegar a Alozaina y preguntarle a Kaiss por esta actitud que tanto me sorprendió, me respondió que era lo normal, porque la mayoría de esos niños desde los seis años trabajan duro en el campo. Y su vida se reduce a cuidar las vacas, rezar, dormir y comer cuando pueden hacerlo. Se les veía en la carretera a edades muy tempranas con una botella de leche de plástico, para vender el yogurt o leche de sus vacas y poder llevar a sus casas algo de dinero para poder mantenerse.
También quedé impresionada con las cargas de las mujeres. Se las veía en el campo portando en sus espaldas grandes fardos de hierba o leña, que la mayoría de las veces  podían representar tres o cuatro veces su tamaño. Fuimos a una cooperativa de chicas jóvenes, que trabajaban tejiendo mandiles con lanas  de sus ovejas en ruecas y tejedoras de madera, con las que hacían un trabajo artesanal muy difícil de ver en nuestros días. No querían el duro trabajo del campo…. Pero apenas podían vender lo que fabricaban para poder subsistir. Allí mismo, en su local nos comprometimos a realizar campañas de difusión y promoción entre nuestros amigos y conocidos para que esta visita no fuese un acción aislada en el tiempo, sino la precursora de otras muchas  que le vayan dando vida y diversidad a este sorprendente proyecto.
Las comidas que hacíamos a lo largo del día, eran un abanico de exquisitos sabores. Los ingredientes: los mejores, recogidos de un campo virgen ( insecticidas, herbicidas o abonos,,,, ¿Qué era todo aquello?) . Y luego la hermosa costumbre de compartir todos en el mismo plato. Como así compartimos las recetas españolas y marroquí en un taller donde todos aprendimos de todos. Como complemento de esta cocina, un enorme huerto con manantiales de pura agua cristalina para regar todo lo que en él se plante a través de uno de estos proyectos que queremos acometer. Y como señal de la riqueza de esta tierra una alfombra tupida de infinidad de hierbas y flores, y unos frondosos y altos olivos como nunca jamás antes había visto
Como colofón de estos días, nos encontramos con  la enorme sorpresa que nos brindó todo el pueblo cuando empezamos a celebrar la boda marroquí de Mayka y Gabriel. Eran novios cuando llegaron a Marruecos, y tras una hermosa ceremonia de demostración, sintieron que habían celebrado su unión. 
Y a partir de ahora, un firme y humilde compromiso: el de seguir apoyando y formando parte de este proyecto: “La estrella de Fifi”

Más fotos en: http://ow.ly/vZ3Pd 

martes, 29 de octubre de 2013

La estrella de Fifi

Hace unos tres años participamos en un programa de cooperación transfronteriza, organizado por la diputación de Málaga, por el cual se organizó una exposición de trabajos artesanales realizados por mujeres de ambas orillas del Mediterráneo, es decir el norte de Marruecos y Málaga. Resultó que en esta exposición, conocimos a Rahma, la madre de Kaiss, uno de los jóvenes que viven en casa. Y en aquel encuentro hablamos de la posibilidad de establecer lazos de cooperación entre las asociaciones de mujeres si éstas se pudieran constituir.
Y efectivamente, esta idea fue tomando cuerpo a través del tiempo. En a asociación de mujeres artesanas de Málaga AMAM se gestó en el viaje de vuelta y unos meses después se constituyó legalmente. Tres años después, Rahma tras muchos esfuerzos crea otra de las mismas características en Marruecos: “La estrella de Fifi”, impulsada también por las palabras que un día su padre le transmitiera.
Efectivamente, sus padres vivían en Fifi, un pueblo marroquí, perdido en la montaña al sur de Chefchaouen. Hace no mucho, su padre la mandó llamar para decirle que iba a morir ese mismo día y comunicarle que su casa de Fifi se constituiría en su comida y en la de todo su pueblo. Después de aquel comunicado falleció ante el asombro de todos.
Este fin de semana pasado hemos viajado hasta Marruecos, y no solamente hemos tenido en nuestras manos la documentación referente a esta asociación, sino que también hemos viajado hasta Fifi. El resultado: nuestro compromiso de apoyar esta iniciativa para que realmente sea un proyecto de ayuda a la mujer rural de este pueblo, y también como no, un proyecto de autoayuda para todos aquellos que quieran participar del mismo.
A veces cuando las experiencias son tan intensas, resulta muy difícil describir con palabras las vivencias que se han tenido en el viaje.
¿Cómo describir la fuerza de una mujer marroquí que va a llevar a cabo un proyecto social para promocionar a las mujeres rurales cuando ni siquiera pueden salir de sus casas?
¿Cómo sensibilizar de la importancia de este proyecto hablando por ejemplo del aceite que tomamos mojando el pan en aquel extraordinario patio, y que fue extraído del molino que movió esta mujer con su mula dando vueltas sobre la piedra?
¿Cómo invitar en un mundo de comodidades a pasar algunos días en esta casa de Fifi, cuando las habitaciones tienen el suelo y techo construidos con las cacas de las vacas. ¡que por cierto dan un resultado estupendo contra las inclemencias del tiempo!, y un colchón sobre alfombras colocadas en el suelo por camas. 
¿Resultará convincente visitar un pueblo que hasta hace pocos años tan sólo se podía acceder con mulas o caballos, y que ahora tiene una serpenteante carretera por la que no se puede circular a más de treinta kilómetros por hora, en un paraje inigualable?
¿Cómo se comportará el pueblo cuando al parecer fuimos uno de los primeros europeos en llegar hasta él?.
Tras un breve recorrido por el mismo tuvimos que entrar rápidamente en la casa ante las miradas inquisitivas de los hombres que se encontraban en sus calles. Recordaba entonces los años 60 de Málaga con las llegadas de las Noruegas…. Acaso no sería parecido?. Y luego el alcalde como se comprometió a poner los medios necesarios para que el pueblo fuera evolucionando hacia la acogida de extranjeros.
¿Cómo decir no a su ilusión y entrega por compartir sus trajes de novias, joyas y abalorios?, o a sus bordados, pinturas, manualidades que con tanta afán sacaban de sus cajones, armarios…. para que pudiéramos comprobar el arte de sus manos?
Existen tantos cómos y porqué tan alejados de la lógica……, pero a la vez hay tanta fuerza y coherencia en este proyecto; que de ninguna de las maneras podemos decir que no ante la posibilidad de ayuda que claman.
Cuando hablo de lógica os podría describir cómo tres pájaros blancos al ir por la carretera que ascendía para llegar a Fifi, se situaron justamente delante del taxi en el que viajábamos. Y por increíble que parezca nos acompañaron cerca de un kilómetro sobrevolando la carretera  a tan sólo unos cincuenta cm del suelo por delante de nosotros. Era increíble ver cómo tomaban las curvas una tras otra mientras que nos precedían en una especie de cortejo ante nuestra incredulidad y asombro.
Ya de vuelta en Rio Martil (Tetouan), y en el salón de su casa, Rahma, me traducía al español los objetivos de esta asociación: 

  • Enseñar a los analfabetos.
  • Enseñar un oficio.
  • Promoción de la salud.
  • Cuidar el medio ambiente, y utilizar el reciclaje.
  • Acompañar a la mujer en proyectos y oficios.
  • Ayudar a la gente mayor, mujeres viudas y divorciadas.
  • Apoyo escolar.
  • Siembra de plantas medicinales y flores para extraer esencias.
  • Apoyo a la agricultura y ganadería tradicional.
  • Elaboración de miel.
  • Promoción de turismo rural con personas de otras culturas organizando excursiones por el territorio marroquí rural.
  • Colaboración con otras asociaciones.
  • Recuperación de la tradición del pueblo.
  • Enseñar el español.

Ya de regreso en la casa de Alozaina, una idea clara se iba forjando: Firmar un protocolo de colaboración que sirviera de compromiso a ambas partes y un deseo de  volver en la próxima  primavera, invitando a todas aquellas personas que quieran participar de este proyecto.